El confort térmico se define como: “la condición mental que expresa satisfacción con el entorno térmico y se evalúa mediante una evaluación subjetiva”. Dicho confort, se logra a través del equilibrio entre las ganancias y pérdidas de calor dentro del organismo. El rango óptimo de nuestra temperatura corporal está entre los 36-38 ° C [97-100 ° F] y se mantiene regulada por nuestro hipotálamo, en el sistema nervioso central. En consecuencia, el nivel de confort térmico que tengamos en nuestros espacios; impactará nuestros sistemas endocrino y respiratorio y podrá alterar múltiples procesos de nuestra salud y bienestar.  Como por ejemplo: cuando la exposición al aire frío y los cambios bruscos de temperatura, pueden desencadenar el asma en adultos. 

Al saber que el confort térmico está vinculado a nuestra salud, bienestar y productividad y está clasificado como uno de los factores que más contribuyen a la satisfacción humana general dentro de nuestros espacios habitados. Mantener un nivel adecuado de confort térmico interior; pasa a ser un objetivo fundamental y es un tema crucial para lograr optimizar la calidad de nuestros espacios.

Lograrlo, puede resultar bastante complicado y puede impactar tremendamente en el consumo energético de nuestros edificios (la refrigeración y la calefacción representan aproximadamente, la mitad del consumo de energía de un edificio) y su resultado final, tendrá un rol fundamental en la forma en la que experimentamos los lugares donde vivimos y trabajamos. 

En am | bien | tes trazamos objetivos muy claros y uno de ellos es ofrecer el máximo confort térmico a los usuarios de cada espacio, para promover el bienestar y la productividad; a través del diseño y el control de los sistemas activos y pasivos de climatización de nuestros entornos.

A pesar de los avances tecnológicos y las grandes mejoras en nuestra comprensión del confort térmico en los edificios, muchas personas aún se sienten incómodas con los resultados alcanzados. Y es que resulta complejo lograr un ambiente térmico confortable que satisfaga a todos sus ocupantes; a razón de las preferencias individuales y las posibles variaciones espaciales y temporales en el ambiente térmico.

Son importantes puntos como: la elección de un equipo de climatización de tamaño correcto, para alcanzar un nivel de  confort térmico óptimo.  También, los sistemas de climatización de los espacios deben estar diseñados para optimizar las variaciones en la temperatura interior, la transferencia de calor a través de las fachadas del edificio, la humedad relativa y el movimiento del aire dentro de nuestros entornos. Como objetivo final, el diseño deberá permitir a las personas que vivan, trabajen, aprendan y jueguen de forma confortable dentro de sus espacios.  Por lo tanto, los sistemas de climatización deberán ser diseñados con el ser humano como centro, lo que ayudará a hacerlos más eficiente y con un mayor rendimiento energético del sistema integral.

am | bien | tes ha adoptado este enfoque holístico para alcanzar el mayor confort térmico posible y proporcionar una combinación de intervenciones para diseñar entornos que aborden las molestias térmicas individuales y apoyen la salud humana, el bienestar y la productividad dentro de los espacios que habitamos.

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